friedrich Wilhelm nietzsche nació en Rocken, cerca de Lutzen, el 15 de octubre de 1884- Falleció en Weimar, el 25 de agosto de 1900 fue un filosofo, poeta, músico y filólogo alemán considerado uno de los pensadores modernos mas influyentes del siglo XIX.
Para este filósofo alemán, la vida tiene
un sentido biológico-cultural, es decir, la vida es impulso natural y es
vivencia. En su tercera etapa filosófica, denominada "zaratústrica",
después de objetar la manera tradicional de entender la vida y la voluntad,
propone su especial visión de la vida y sus teorías sobre la voluntad de poder
y del superhombre.
La actividad crítica de Nietzsche se puede
resumir en tres puntos: crítica a la moral, crítica a la metafísica, y crítica
a las ciencias positivas.
En su crítica a la
moral, Nietzsche se refiere a la moral occidental de naturaleza judeocristiana
con la que difiere por dos razones. Por una parte, dicha moral contiene un
conjunto muy amplio de normas y leyes con las cuales se impide la exuberancia
de la vida, se inhiben los impulsos vitales y el desarrollo. Por otra parte, la
base filosófica de esta moral postula la existencia de un mundo inteligible, un
plano de existencia ultra-terrenal del que no tenemos certeza, por lo que se
trata de una "moral de ultramundos", es decir una "moral
antinatural".
La crítica de la
metafísica tradicional se basa también en el hecho de que, de un modo u otro, nos
conduce a mundos irreales. En efecto, dicha metafísica, de naturaleza
platónica, nos habla de la separación entre el ser aparente (o fenoménico),
que es el único que podemos percibir, y el ser real (onouménico) que no
es posible percibir. La metafísica tradicional, influenciada por el
cristianismo, generalmente da un mayor valor a esa parte del ser que está fuera
de nuestro alcance, por lo que desvaloriza la otra parte y desvaloriza a la
vida misma.
La crítica a las
ciencias positivas no se basa en un ataque directo a las ciencias sino a la tendencia
ideológica que han adoptado y a su metodología, en especial a la
matematización. Mediante este recurso no adquirimos conocimiento de las cosas,
solamente captamos sus relaciones cuantitativas. Además, las ciencias positivas
pretenden explicarlo todo mediante leyes, pero una ley de la naturaleza no es
algo que conozcamos; conocemos únicamente sus efectos y su relación con otras
leyes, de las cuales igualmente no tenemos conocimiento.
Según Nietzsche, la vida humana debe ser
entendida en su totalidad, es decir, en su dimensión natural, como un
complicado conjunto de instintos, impulsos, pasiones y capacidades; pero
también debe verse en su aspecto de vivencia existencial, o sea, como proyecto
constante de superación y de creación, como ansia de sobresalir para no ser uno
más del rebaño.
La voluntad de poder es voluntad de vivir,
pero de vivir la vida total en todas sus dimensiones. Para esto la voluntad de
poder tiene que transmutar los valores, con la conciencia de que lo único bueno
es lo que favorece, fortalece y eleva el desarrollo de la vida.
MORAL DE SEÑORES Y MORAL
DE ESCLAVOS
En la crítica sin contemplaciones que hace
a la moral, distingue Nietzsche dos formas de ser que se reflejan en dos tipos
de moral bien diferenciadas: la moral de señores y la moral de esclavos.
La moral de señor es arrogante y altivo,
se cree superior al resto. Su moral reivindica valores como la jerarquía, el
orgullo, la soberbia. El concepto de bien está en relación con todo aquello que
contribuye a engrandecer la vida, mientras, el mal es lo que la envilece. Ésta
es la moral de una élite, de los héroes y guerreros.
La moral de esclavo es propia de la masa,
del rebaño. No hay aspiraciones por encima de la muchedumbre, por eso defiende
la igualdad y la solidaridad. Hay un instinto de venganza, propio del
resentido, que se oculta en el silencio, esperando la ocasión de vengarse. Sus
valores son los de la pobreza, la renuncia. La fuerza del esclavo está en la
unión de muchos, en la congregación del rebaño. Hay un enemigo común: las
elites, la vida ascendente.
El verdadero problema de la filosofía son
los valores. Tanto la forma de enfocar la metafísica como el conocimiento
dependen de valores frecuentemente ocultos. La importancia que da Platón al
mundo suprasensible tiene que ver con la defensa de las elites sociales.
La voluntad de poder debe estar dispuesta
a ayudar a los débiles y a los fracasados para que rápidamente sucumban y
perezcan; favorecer su predeterminación fundamental a perecer por la carencia
de impulsos vitales. Por esta razón, Nietzsche no está de acuerdo con la moral
cristiana, a la cual califica como moral de esclavos. Esta moral es conveniente
para los incapaces y los dominados, es una moral que exalta las debilidades y
los vicios presentándolos como virtudes y los extiende por el mundo, lo que es
perjudicial para la vida. Para la clase dominante la moral que vale es la moral
de señores, de acuerdo con la cual el superdotado no tiene obligación de
someterse a las normas de los son más débiles que él.
EL NIHILISMO
Nietzsche proclama la muerte de Dios. Con
el derrumbamiento de la divinidad se viene abajo todo el edificio de la cultura
occidental apoyado sobre ella. Es inevitable la caída en la nada. Pero lejos de
desanimarse ante ese panorama desierto, Nietzsche lo ve con optimismo, porque
piensa que es el punto de partida para dar a luz a un nuevo ser, a una nueva
cultura.
El nihilismo es una forma de pensamiento
que parte de la negación de la realidad: nada existe. El escéptico duda que
pueda alcanzar la realidad; el nihilista la niega terminantemente.
Distingue un nihilismo pasivo, propio de
los que se quedan pasmados contemplando el panorama vacío. Se quedaron
paralizados para actuar.
Pero existe también un nihilismo activo,
de aquellos que lograron entender su significado y se apresuraron a destruir
las ruinas de los viejos valores y, además, empezaron a construir otros nuevos
transmutando los existentes: se desprecia lo ultramundano por decadente y se revaloriza
lo terrenal y vital. El lugar que antes ocupaba Dios, lo ocupa ahora la tierra.
Existe también un nihilismo práctico,
centrado en la moral, que niega la existencia de los valores. Éste es el caso
de Nietzsche, que niega todos los valores de la cultura occidental por
decadentes.
El pensamiento de Nietzsche no se queda en
una crítica negativa y estéril a la cultura occidental. Es verdad que su
crítica invalida el mundo anterior, pero también afirma una nueva realidad que
pivota sobre la vida y el amor a la tierra, a partir de los que la voluntad de
poder crear nuevos valores.
LA VOLUNTAD DE PODER
Este concepto ya aparece en los primeros
escritos de Nietzsche, aunque nunca llega a precisarlo, razón por la que se ha
interpretado con diferentes sentidos. Voluntad de poder aparece como afán de
superación que está presente en todo ser vivo. Ya en las primeras células vivas
hay reacción hacia lo beneficioso y contra lo hostil expresada mediante la
apertura o el cierre de membranas. Esta voluntad se hace más patente en los
animales y en el hombre.
La voluntad de poder es aceptar la vida
como es, con toda su carga trágica, como riesgo y como apuesta, como «un juego
de dados con la muerte». A esa voluntad se oponen los predicadores de la
igualdad, que, como tarántulas, pretenden vengarse de las formas creadoras del
superhombre. La búsqueda de igualdad es señal de decadencia, mientras la
singularidad lo es de grandeza creadora.
También en el conocimiento se revela la
voluntad de poder, ya que conocer es dominar. Todo conocimiento supone
valoración y selección: interesan unas ideas y se abandonan otras, según
beneficien o no. Esa voluntad de poder actúa sobre los demás, no para
oprimirlos, sino proyectando sobre ellos los propios valores, afirmándose más a
sí mismo a la vez que lleva a cabo actuaciones valiosas.
EL SUPERHOMBRE
El superhombre de Nietzsche puede
entenderse en dos sentidos: individual y colectivo. El superhombre, en sentido
colectivo, se refiere a la creación de una nueva cultura, a nuevas tablas y
jerarquías de valores fincadas sobre una mejor afirmación de la vida.
El superhombre es la meta hacia donde
camina la historia. Pero, ¿qué es el superhombre? No es una nueva raza, como de
forma burda interpretó el nazismo; pero tampoco es un extraterrestre venido de
otro planeta. Si algo caracteriza al superhombre es su carácter terrestre, el
estar aferrado a esta tierra. Es una nueva especie con otro talante, una mezcla
de sensibilidad y coraje, de intuición y poder, las personalidades
excepcionales de Cristo y Napoleón unidas en una persona. Su fuerza excepcional
le viene de la conciencia que tiene de la muerte de Dios.
El superhombre no aparece de súbito, sino
que es fruto de sucesivas transformaciones de la humanidad.
Con la llegada del superhombre surge una
nueva visión de:
La moral. La muerte de Dios
impulsa la voluntad y libertad del hombre, que rompe las viejas cadenas de
leyes obsoletas que le ataban y el impedían actuar por sí mismo.
El mundo. Se borra la imagen del
mundo ideado por los metafísicos y se afirma un nuevo mundo con toda su carga
trágica, donde la felicidad y el sufrimiento van unidos.
El ser humano. Se rompe con el viejo
dualismo que despreciaba el cuerpo y se preocupaba en exclusiva por el alma. Se
acepta el cuerpo en su integridad y en su unión a la tierra, ya que no hay más
mundo que éste.
Con el superhombre se supera el nihilismo
y aparece un nuevo tipo humano confiado en sus fuerzas, sin más leyes que las
propias y que se da a sí mismo la finalidad que le apetece. Ya no hay
imperativos válidos para todos. Cada uno es autosuficiente y libre para
afrontar la vida.
EL ETERNO RETORNO
La idea del tiempo de Nietzsche se opone a la visión lineal de las religiones, en las que un hecho trascendental da sentido al pasado histórico y facilita claves para vislumbrar el sentido del futuro.
Aceptar el eterno retorno significa morder la cabeza de la serpiente, aceptar la felicidad, pero también el horror del sufrimiento. Quien renuncia a lo trascendente da un sí alegre a la vida terrenal, a la que no vive como una pesada carga, sino con intensa alegría. El eterno retorno es la vuelta a lo dionisíaco y el abandono de la moral decadente.
En consonancia con lo dicho, defiende Nietzsche una visión crítica de la historia, un análisis de las heroicidades y de las vilezas que deje al descubierto al ser humano tal como es, con su grandeza y con sus miserias, pues él es el verdadero protagonista de la historia, quien decide con su responsabilidad sobre lo que acontece. El historiador tampoco debe mirar la historia de forma aséptica y fría. Debe hacer justicia a la historia, y eso es valorar los hechos en función de su orientación hacia una vida ascendente o descendente.
NUEVA FORMA DE ENTENDER
LA VERDAD
La verdad no es fruto de la contemplación
ni de un conocimiento desinteresado. Por el contrario, nuestro conocimiento es
selectivo e interesado. Conocemos para dominar, para beneficio propio. A partir
de Sócrates y Platón desaparece el arte de intuir las cosas y surge el hombre
teórico que busca en la razón las verdades eternas. A partir de ahora, la vida
trata de aprisionarse en categorías racionales. La consecuencia es que la
verdad, en vez de quedar manifiesta, queda más oculta que nunca.
La verdad es una ficción, una perspectiva, una forma
de interpretar las cosas. Hay perspectivas que se imponen porque resultan más
útiles, y otras, en cambio, quedan latentes. La verdad va unida a la vida y se
capta en su lenguaje metafórico, poético, musical... Es un lenguaje insinuante
y palpitante del que se imbuyen nuestros sentidos.

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